«Necesitamos más voluntarios». Es una frase que se escucha con frecuencia en las asociaciones, las instituciones privadas de solidaridad social (IPSS) y las organizaciones no gubernamentales portuguesas. Surge cuando faltan personas para llevar a cabo actividades, cuando los proyectos crecen o cuando los voluntarios dejan de acudir.
Pero quizá estemos haciendo la pregunta equivocada. ¿Y si el problema no fuera únicamente la dificultad para encontrar voluntarios, sino también nuestra capacidad para conseguir que quieran quedarse?
El voluntariado sigue desempeñando un papel importante en la sociedad portuguesa. Según la Encuesta sobre Trabajo Voluntario de 2018, del INE y la CASES, la participación voluntaria constituye una dimensión relevante de la economía social. Por su parte, la Cuenta Satélite de la Economía Social de 2019-2020 demuestra la importancia estructural de un sector que representaba, en 2020, el 5,2 % del empleo total nacional.
Estos datos no significan que haya suficientes voluntarios ni permiten medir cuántos abandonan las organizaciones. Sin embargo, nos ayudan a comprender la dimensión de un sector cuya sostenibilidad también depende de su capacidad para movilizar y valorar a las personas.
Es importante reconocer que la disponibilidad para hacer voluntariado no depende únicamente de la motivación individual. La precariedad laboral, los horarios exigentes, las responsabilidades familiares y las dificultades económicas condicionan el tiempo que cada persona puede ofrecer. No todas las organizaciones pueden contrarrestar estas barreras.
Aun así, hay una dimensión sobre la que podemos actuar: la forma en que gestionamos el voluntariado.
¿Cuántas organizaciones invierten tiempo en captar voluntarios, pero no tienen un proceso definido para acogerlos? ¿Cuántas presentan su misión con entusiasmo, pero no explican claramente qué esperan de cada persona? ¿Cuántas solo se ponen en contacto con los voluntarios cuando necesitan ayuda?
Una persona voluntaria puede llegar motivada y con disponibilidad, pero encontrarse con tareas poco claras, una comunicación irregular y una ausencia de seguimiento. Con el tiempo, el entusiasmo inicial puede transformarse en frustración. Y cuando esa persona se aleja, la organización vuelve a concluir que faltan voluntarios.
¿No será, en ocasiones, un problema de gestión?
La propia Ley n.º 71/98, de 3 de noviembre, reconoce derechos relacionados con la formación, la participación y la definición de un programa de voluntariado. Es decir, la importancia de estructurar esta relación no es precisamente una novedad.
El reto está en transformar estos principios en prácticas cotidianas.
Y eso no exige necesariamente grandes inversiones. Una conversación inicial para comprender las expectativas, una descripción clara de las responsabilidades, una persona disponible para acompañar al voluntario y momentos periódicos para intercambiar opiniones pueden marcar una diferencia significativa.
La CASES ofrece, incluso, herramientas de apoyo para organizar programas de voluntariado. El conocimiento y algunas herramientas ya existen. A menudo, lo que falta es crear las condiciones para utilizarlos.
Naturalmente, coordinar a los voluntarios exige tiempo, competencias y recursos que muchas organizaciones tienen dificultades para garantizar. Pero seguir tratando esa coordinación como una tarea secundaria también tiene costes: falta de continuidad, pérdida de conocimientos y necesidad permanente de captar nuevas personas.
Gestionar voluntarios no significa profesionalizar la solidaridad hasta el punto de quitarle su espontaneidad. Significa respetar el tiempo, las competencias y las expectativas de quienes eligen contribuir.
Quizá haya llegado el momento de que los responsables de las asociaciones dejen de evaluar el éxito del voluntariado únicamente por el número de personas que consiguen atraer.
Porque una organización verdaderamente preparada para trabajar con voluntarios no es solo aquella que consigue abrirles la puerta.
Es aquella que les da motivos para quedarse.

Fuentes:
- INE y CASES — Cuenta Satélite de la Economía Social y Encuesta sobre Trabajo Voluntario. Datos nacionales sobre economía social y participación voluntaria.
- INE y CASES (2023) — Cuenta Satélite de la Economía Social 2019-2020. Caracterización económica y laboral del sector.
- Asamblea de la República (1998) — Ley n.º 71/98, de 3 de noviembre. Marco jurídico, derechos y deberes de las personas voluntarias.
- CASES — Voluntariado: marco de referencia e instrumentos de apoyo. Orientaciones y recursos para las organizaciones que promueven el voluntariado.

